Foto: PNUD

CIUDAD DE PANAMÁ. Jueves 29 de abril 2021. –La realidad a la que nos enfrentamos debido a la pandemia por la COVID-19 y sus efectos sin precedentes en el desarrollo humano, representan un llamado de atención. Esa amonestación es necesaria para que nos detengamos a corregir la forma en la que interactuamos con el planeta.

Esto lo señala el recién publicado informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) al exponer que ningún país en todo el mundo ha logrado alcanzar un desarrollo humano muy alto sin ejercer una presión desestabilizadora sobre la Tierra.

El nuevo informe ‘La próxima frontera: Desarrollo humano en el Antropoceno’ que se presentó hoy en Panamá, reveló un nuevo índice experimental sobre el progreso humano en el que se integran las emisiones de dióxido de carbono y la huella material de los países (una medida de la extracción de materias primas en el mundo para cubrir la demanda nacional).

En palabras de Achim Steiner, Administrador del PNUD “El poder que ejercemos los humanos sobre el planeta no tiene precedentes. Frente a la COVID-19, temperaturas que rompen registros históricos, y una desigualdad que se reproduce, ha llegado la hora de utilizar ese poder para redefinir lo que entendemos como progreso, de manera que nuestras huellas de carbono y de consumo dejen de permanecer ocultas”

El Informe muestra que las personas y el planeta estamos entrando en una era geológica completamente nueva, el Antropoceno o era de los seres humanos. En este contexto, el PNUD afirma que ha llegado la hora de que todos los países, ricos y pobres, rediseñen sus trayectorias de progreso asumiendo de manera plena el estrés que estamos ejerciendo sobre la Tierra, y desmantelando los enormes desequilibrios de poder y de oportunidades que impiden el cambio. No hay planeta B.

El informe también propone un ajuste del índice de desarrollo Humano (IDH), para reflejar el impacto ambiental de la actividad humana, contabilizando la emisión de dióxido de carbono y el consumo de recursos naturales (IDH-P). Mientras menor el valor de esta carga ambiental el IDH se mantiene con pocos cambios, pero en la medida que sube ese impacto se reduce en un porcentaje significativo, reflejando los efectos no deseados del progreso.

¿Qué pasa en Panamá?

Con este ajuste, Panamá avanza 30 posiciones en el IDH-P, evidenciando que tiene bajas emisiones de CO2, su economía no depende grandemente de combustibles fósiles y su cobertura forestal sigue siendo importante, más del 60% de su territorio, absorbiendo más de lo que emite. Y las fuentes de energía para electricidad son principalmente renovables.

El IDH de Panamá en 2019 fue de 0.815, lo que sitúa al país en la categoría de desarrollo humano muy alto y en el 57º lugar de 189 países y territorios. Entre 1990 y 2019, el IDH de Panamá aumentó de 0.675 a 0.815, un incremento del 20.7%.

En la Región, Panamá está a niveles de desarrollo humano de Costa Rica y Uruguay, cuyos IDH ocupan los lugares 62º y 55º, respectivamente.

Sin embargo, hay desafíos enormes para combatir la pobreza y la desigualdad y que al asumirlos se tomen en consideración los límites del capital natural de Panamá y acciones climáticamente inteligentes, es decir, adaptadas.

Aleida Ferreyra, representante residente a.i. del PNUD en Panamá, señaló que “el valor del IDH para Panamá es muy alto, sin embargo, en términos de desigualdad hay una pérdida del 21.1%; uno de los desafíos importantes que tiene el país. Este es un reto para Panamá y para el PNUD; debemos hacer más para cerrar la brecha de la desigualdad y alcanzar un desarrollo sostenible que beneficie a todos y todas y en armonía con la naturaleza”

Para lograrlo se requiere atender los retos sociales como la propia desigualdad, el hambre y la pobreza, utilizando el avance científico para mejorar nuestro bienestar, con un uso eficiente de los recursos naturales y apoyando los esfuerzos de descarbonización de la economía en sectores clave como energía, especialmente transporte, agricultura, infraestructura sostenible, conservación y restauración de la cobertura forestal.

El evento tuvo una destacada participación del Dr. Arístides Royo, Ministro para Asuntos del Canal, quien compartió el modelo de gestión integrada de la cuenca del Canal y sus programas de catastro, titulación, e incentivos económicos ambientales para que las comunidades puedan garantizar medios de vida sostenibles que contribuyan a la conservación de los bosques y al buen funcionamiento del ciclo del agua, además de prepararse mejor para eventos climáticos de poca o demasiada precipitación; lo cual a su vez incide en la operación misma del Canal de Panamá.

En cuanto a mitigación, el Canal anunció su plan para lograr una ruta verde de cero emisiones, una nueva estrategia que busca incentivar también a que sus usuarios contribuyan a la reducción de emisiones marítimas para alcanzar las metas del Acuerdo de París de carbono neutral. Junto al Dr. Royo estuvieron los ministros de ambiente Milcíades Concepción, turismo, Iván Esquilasen; y el secretario de energía Jorge Rivera, Luis Felipe Lopez-Calva, Director Regional para América Latina del PNUD, además de dos destacadas líderes ambientales en Panamá Mirei Endara y Sara Omi.

Para López Calva “el informe identifica tres pilares sobre los que construir un cambio real y duradero: trabajar con, y no contra, la naturaleza, mejorar los incentivos y cambiar las normas sociales; además identifica 20 soluciones basadas en la naturaleza que podrían contribuir el 37 por ciento de la reducción de emisiones necesaria para mantener el calentamiento global por debajo de 2ºC en 2030. Ponerle al carbono su precio real es un elemento absolutamente esencial del paquete de medidas requeridas para reducir las emisiones y mantenerlas dentro de unos límites soportables para el planeta”.

 

Jessica Young, gerente de ambiente, cambio climático y desarrollo sostenible del PNUD en Panamá, aseguró que el informe nos revela que “en Panamá estamos con una nota de optimismo, con mucho por hacer y poco tiempo que perder. Consideró que las metas presentadas por el país en sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC por sus siglas en inglés) actualizadas al 2020 son el camino para cumplir los compromisos y garantizar un desarrollo sostenible, tener más cobertura boscosa, cuencas saludables, conservar ecosistemas saludables para ser el país megadiverso y carbono negativo”.

Durante su intervención Sara Omi reiteró el derecho de los pueblos indígenas a participar y ser parte de la toma decisiones en materia ambiental. Mientras Mirei Endara aseguró que Panamá debe aprovechar el índice para ser líder en la región, en sectores como el de biodiversidad y agro. Para Jorge Rivera, la desigualdad en nuestras regiones existe en materia energética, por eso se trabaja para cerrar esa brecha y alcanzar el desarrollo de nuestras poblaciones. Situación avalada por el ministro Iván Eskildsen, quien consideró que Panama tiene que posicionar el nuevo nicho de turismo en comunidades. “Este es el comprometidos a desarrollar en turismo, a corto y mediano plazo”, mencionó.

Heriberto Tapia, experto en políticas de la oficina del Informe de Desarrollo Humano, por su parte, destacó el panorama de Panamá frente al informe y sus fortalezas estructurales. El país presenta un desarrollo humano muy alto (en promedio), similar al de Europa en los años noventa. Panamá tiene además la generación más educada y saludable de su historia y presenta presiones relativamente bajas sobre el planeta. Un área de mejora es en temas de igualdad de género.

El informe también destaca la interrelación entre las crisis sociales y ambientales y como estas se retroalimentan y perpetúan en el tiempo. Es por ello por lo que no podemos seguir atendiendo las necesidades humanas a costa de la destrucción del planeta, pero tampoco es viable el progreso de algunos grupos humanos a costa de la pobreza de otros.

Los países con mayor nivel de crecimiento y desarrollo generan una mayor huella ambiental que los países de mediano y bajo desarrollo. Lo que nos debe llevar a repensar el ritmo de crecimiento, pero sobre todo la eficiencia en el uso de los recursos y el nivel óptimo del progreso para que sea equitativo y sostenible.

La propuesta del informe es adelantarse a los cambios para gestionar la crisis de una mejor forma, promover un mayor desarrollo humano y la expansión de las capacidades de las personas, pero poniendo atención en el balance con el ambiente y nuestra relación con otras especies. Para ello es necesario construir una idea de bien común y equidad intergeneracional que nos lleve a un crecimiento más lento pero balanceado y sustantivo, que permita reducir las desigualdades y aprovechar de forma óptima los recursos naturales.

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