En una visita reciente al Parque Nacional Zion, en el oeste de los Estados Unidos, me encontré con un letrero que marcaba el inicio de un sendero y decía: "PACK IT IN, PACK IT OUT” (algo así como, “Si lo Trajiste, Llévatelo”).  Siendo una autodenominada aventurera y amante de la naturaleza que siempre está lista para una buena caminata, siempre he respetado este concepto.  Lo que sea que traigas contigo a un sendero, también debe ser sacado.  Este precepto va más allá del protocolo adecuado y el sentido común; es un principio que permite a los visitantes disfrutar de la naturaleza de una manera sostenible y a la vez se evita el potencial impacto negativo del ser humano. 

Hace unos años, casualmente estaba siguiendo a un grupo de excursionistas que estaban tirando basura a lo largo de un sendero de 10 km.  Me sentí como si estuviera en el cuento de Caperucita Roja, su basura dejaba un rastro de pistas sobre hacia dónde se dirigían.  El lobo seguramente nos habría encontrado.  Si hubiéramos estado caminando en otra región geográfica, quizás hasta osos hubieran dado con nuestro paradero.  Recogí en silencio la basura que seguían tirando a lo largo del sendero y cuando llegamos al final se la devolví amablemente.  "Creo que dejaste esto," les dije.  "Pack it In, pack it out" pensé.  Por algo dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos.  Quizás el tema va más allá del sentido común después de todo.

Recientemente recordé este encuentro mientras entrevistaba al dueño de un negocio sobre las prácticas de reciclaje en Guánico, una pequeña comunidad en uno de los municipios más remotos de Panamá.  La basura se estaba desbordando afuera de su quiosco, derramándose sobre el suelo fangoso.  Parecía frustrado. "Le he preguntado varias veces a la empresa embotelladora,"dijo.  "¿Por qué no pueden simplemente recuperar toda la basura que traen a nuestras comunidades?"   Su pregunta era relevante – ‘pack it in, pack it out,’ pensé.  Pero, después de notar que la mayor parte de su basura eran botellas plásticas de soda, pensé en hacerle algunas preguntas que seguramente le incomodarían, sobre todo sabiendo que esas mismas botellas se ofrecían en vidrio retornable por la embotelladora.  "¿Alguna vez has considerado cambiar de plástico a vidrio?" le pregunté.  Aunque fue una conversación cordial y jovial, estaba visiblemente afectado por mi pregunta.  Ya con un tono más elevado y mirada penetrante, escuché: "tengo que comer," ya bromeando.  "La gente dejaría de comprar."  "Además," dijo, "soy un negocio demasiado pequeño para hacer una diferencia."

Demasiado pequeño para hacer una diferencia.  Sus palabras resonaron en mí, no porque fueran sorprendentes sino porque las había escuchado antes.  No de un miembro de la comunidad, sino de la misma empresa embotelladora que ofrece sodas en vidrio retornable, ya que habíamos estado conversando con ellos sobre un programa de reciclaje.  "El volumen simplemente no está,” nos comentaron.  "Tonosí es demasiado pequeño."  (Más sobre eso en un próximo blog).  Aun así, hay que plantear la pregunta, ¿dónde radica la responsabilidad?  ¿Quién es responsable de pack it out?

Un artículo de reciente publicación en el New York Times arroja luz sobre nuestra investigación destacando una nueva ley en el estado de Maine que requeriría que los fabricantes y empresas, en lugar de los contribuyentes, cubran los costos del reciclaje (1).   ¿Qué pudo promover este tipo de acciones?  Cuando China dejó de comprar materiales reciclables, muchas ciudades de los Estados Unidos eliminaron sus programas de reciclaje por completo o redujeron significativamente su tamaño.  Simplemente no sabían qué hacer con el material acumulado ante la desaparición de la demanda.  Este efecto dominó también se sintió en Panamá con muchos programas luchando por sobrevivir mientras descifraban qué hacer con un exceso de reciclables.  Sin nadie quien les comprara (demanda), las empresas no pudieron generar ingresos para mantenerse a flote. 

Nunca había pensado tan profundamente en la responsabilidad compartida de la recolección de residuos y reciclables.  Pero después de pasar semanas en un municipio como Tonosí, donde menos del 50% de los residentes cuentan con un servicio confiable de recolección de residuos, es difícil no pensar una y otra vez sobre dónde se desecha la basura.  

En preparación para el lanzamiento de un proyecto piloto que explorará las prácticas de reciclaje sostenible en Tonosí, el Laboratorio de Aceleración del PNUD en Panamá les compartimos algunas lecciones claves que han surgido durante el proceso de recolección de data y exploración que incluyó escuchar a más de 25 pequeñas empresas en la comunidad:

La mayoría de los dueños de negocios han visitado el vertedero

"El municipio solía venir; luego, dejaron de llegar" es como la mayoría de los residentes comienzan a explicar el problema del manejo de desechos en Tonosí.  Cuando se les preguntó cómo los residentes eliminan los desechos, más del 40% respondieron que llevan su propia basura al vertedero municipal - un vertedero en gran parte no regulado con tantos residuos sólidos, como peligrosos.  Los residentes viajan una distancia promedio de 24 kilómetros (una sola ida) para llegar.

Las empresas no confían en el gobierno para manejar los residuos

A pesar de ser requerido por la ley, el único lugar donde el municipio proporciona servicios de recolección de residuos es en el centro de Tonosí (2).  Es decir, el 90% de los corregimientos no cuentan con un servicio de recolección municipal.  Es por eso que nos pareció extraño que, cuando se les preguntó si reciben servicios de recolección de residuos, el 67% de los propietarios de negocios respondieron que "sí."  Esto no coincidía con lo que el municipio había compartido. 

(3)

Resulta que, los dueños de negocios se habían cansado de la inconsistencia del municipio y tomaron el asunto en sus propias manos: "No espero que el municipio lo recoja [basura]," dijo un empresario.  "No confío en ellos y no presto atención a nada de lo que hacen."  Las empresas no recibían servicios de recolección de residuos del municipio, sino que contrataron a un tercero para que lo hiciera.  

La gente quiere reciclar

"Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad, un optimista ve la oportunidad en cada dificultad".  Cuando se les preguntó a los dueños de negocios si reciclaban, el 100% respondió que "no."  Si bien esto puede sonar desalentador, el Laboratorio prefiere adoptar el enfoque de Winston Churchill: escuchar que nadie recicla no es fácil de asimilar; sin embargo, brinda una gran oportunidad para implementar un programa piloto de reciclaje, especialmente dado que el 89% de los propietarios de negocios están interesados. El dueño de un negocio en Cambutal compartió este mismo optimismo: "Dada la cantidad de crecimiento en la comunidad, es bueno comenzar temprano, con impulso."  

La mayor parte de los residuos que se dirigen al vertedero son reciclables

La mayoría de los negocios en Tonosí son hoteles y supermercados.  Cuando se encuestaron, el plástico fue el artículo de desecho más reportado, seguido por el cartón, el aluminio, el papel y los desechos orgánicos.     Mientras que los propietarios de supermercados parecían escépticos sobre un programa de reciclaje, los hoteles estaban deseosos por implementarlo, especialmente en los corregimientos de alto tráfico turístico. "Botamos tanto plástico porque los turistas no quieren beber el agua del grifo," según el dueño de un hotel que describió a un grupo que acababa de salir: "Dejaron una docena de botellas de agua de plástico después de una estadía de una semana."  Los propietarios de hoteles también mencionaron que los turistas a menudo viajan desde países con leyes estrictos de reciclaje y se desalientan que los hoteles no reciclen.

Poner precio a la basura es difícil

Si bien el 67% de las empresas encuestadas pagan por la recolección de desechos, los precios fueron inconsistentes, oscilando entre $50 y $15.  "No estoy muy seguro de cuánto pago," dijo un propietario de un negocio, una respuesta que representaba el 8%; el 25% de los encuestados nos informaron que no pagan en absoluto.  Los dueños de negocios que recibían servicios de recolección de desechos del municipio eran los más inseguros sobre cómo pagaban, generalmente respondiendo "creo que se agrega a los impuestos" y en cuanto a la cantidad, "creo que son $2 al mes."  Los quioscos y restaurantes pequeños generalmente respondían que pagaban $1 por bolsa a un privado, mientras que los hoteles más grandes respondían que pagaban por camión, generalmente $15 por viaje.

El desafío de la gestión de residuos sólidos (GRS) es multifacético y complejo; lo sabemos. A medida que el Laboratorio de Aceleración del PNUD en Panamá, en el marco de la iniciativa Azuero Sostenible MIAMBIENTE PNUD/GEF, continúa su exploración para aprender qué soluciones tienen el potencial de acelerar el desarrollo en GRS, nos inspiran aquellas personas que no creen que sean demasiado pequeñas para marcar la diferencia.  "Queremos que Tonosí sea un distrito limpio que pueda impulsar el turismo sostenible y ayudar a reactivar la economía," dijo la vicealcaldesa de Tonosí.  "Estamos muy entusiasmados con el potencial de este proyecto piloto."  Como Lab, esperamos ayudar a Tonosí a trabajar hacia su propia versión sostenible de ‘pack it in, pack it out.´  Estén atentos.

(1) https://www.nytimes.com/2021/07/21/climate/maine-recycling-law-EPR.html

(2) Residentes que hicieron estos comentarios residen en los corregimientos de Cambutal, Guánico Abajo y Búcaro

(3) Para contextualizar, nos referimos a un privado como un ciudadano particular que se ha encargado de ofrecer un servicio de recolección de basura con su propio vehículo

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