Mensaje del Secretario General con motivo del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación

17-jun-2015

“Invertir en suelos sanos”

La degradación de las tierras y la desertificación menoscaban los derechos humanos, empezando por el derecho a la alimentación. Cerca de 1.000 millones de personas carecen de una nutrición adecuada, y las personas que viven de las tierras degradadas se encuentran entre las más afectadas. La situación de estas podría empeorar si la degradación de las tierras, según se prevé, llegara a reducir la producción mundial de alimentos en un 12% para 2035.

La seguridad alimentaria también se ve afectada por la disminución de los recursos hídricos. Debido a la degradación de la tierra, se almacenan menos agua y nieve en los suelos. En 10 años, dos de cada tres personas en el mundo podrían estar viviendo en condiciones de estrés hídrico.

Degradamos 12 millones de hectáreas de tierras productivas cada año, lo que equivale a una zona del tamaño de Honduras o Benin. Más de la mitad de nuestras tierras agrícolas están degradadas y solo el 10% de estas está mejorando. Alrededor de 500 millones de hectáreas podrían restablecerse de forma eficaz en función de los costos, en lugar de ser abandonadas. Si no podemos cambiar la forma en que utilizamos nuestras tierras, tendremos que convertir cada año una superficie del tamaño de Noruega en nuevas tierras agrícolas para atender las futuras necesidades de alimentos, agua dulce, biocombustibles y crecimiento urbano. Esto causaría deforestación y otros efectos negativos en el medio ambiente.

La amenaza no termina allí. Con la degradación de las tierras y otras actividades de utilización inapropiada de las tierras, liberamos alrededor de una cuarta parte de los gases de efecto invernadero que están calentando el planeta. El cambio climático y el uso insostenible de la tierra, en particular por la agricultura, están contribuyendo a la disminución de los recursos de agua dulce en todas las regiones del mundo. Como consecuencia de ello, se prevé que la producción mundial de alimentos disminuirá en un 2% cada decenio.

Es posible un mundo en el que todos los derechos a la alimentación, el agua y la seguridad humana estén garantizados. Pero debemos cambiar de rumbo y empezar a asegurar cada hectárea de tierra que pueda proporcionar alimentos o agua dulce. La tierra es un recurso renovable pero solo si invertimos en la neutralización de la degradación de las tierras, que constituye una propuesta de los Estados Miembros de las Naciones Unidas para la agenda para el desarrollo después de 2015. Debemos evitar la degradación de más tierras y, al mismo tiempo, rehabilitar todas las tierras degradadas que podamos. Entonces, también podremos adoptar medidas rápidas para controlar el cambio climático.

Nuestras vidas y nuestras civilizaciones dependen de la tierra. Invirtamos en suelos sanos para asegurar nuestro derecho a la alimentación y al agua dulce.

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